El dolor de espalda, y en particular el dolor lumbar, afecta a una gran parte de la población en algún momento de su vida. Es una de las principales causas de consulta médica y de baja laboral en nuestro país. Aunque en muchos casos se resuelve con reposo y analgesia, cuando el dolor se repite o persiste, la fisioterapia se convierte en una herramienta fundamental tanto para aliviar las molestias como para prevenir que vuelvan a aparecer.
¿Qué tipos de dolor de espalda trata la fisioterapia?
La fisioterapia musculoesquelética aborda una amplia variedad de problemas en la zona dorsal y lumbar:
- Lumbalgia aguda y crónica: el clásico dolor en la zona baja de la espalda, con o sin irradiación a las piernas.
- Ciática: dolor que sigue el recorrido del nervio ciático desde la zona lumbar hasta el pie, habitualmente por compresión o irritación de una raíz nerviosa.
- Contracturas musculares: tensión mantenida en los músculos paravertebrales, muy frecuente en personas que trabajan muchas horas sentadas.
- Hernias discales: cuando el fisioterapeuta trabaja de forma complementaria al tratamiento médico para reducir el dolor y recuperar la movilidad.
- Escoliosis funcional, dolores posturales y secuelas de lesiones, entre otros.
¿Qué técnicas utiliza el fisioterapeuta?
El tratamiento se diseña de forma individualizada tras una evaluación detallada de cada paciente. Las técnicas más habituales son:
- Terapia manual: movilizaciones articulares y técnicas de tejido blando que mejoran la movilidad de la columna y reducen el espasmo muscular.
- Ejercicio terapéutico: el fisioterapeuta enseña ejercicios específicos para fortalecer la musculatura del core y mejorar la estabilidad lumbar. Es la parte más importante del tratamiento a largo plazo.
- Electroterapia y ultrasonidos: técnicas que contribuyen a reducir la inflamación y el dolor en fases agudas.
- Punción seca: indicada para tratar puntos gatillo miofasciales que mantienen el dolor muscular.
- Reeducación postural: analizar cómo nos sentamos, cómo levantamos peso o cómo dormimos puede marcar la diferencia entre mejorar o recaer continuamente.
¿Cuándo debes consultar a un fisioterapeuta?
Hay situaciones en las que conviene no esperar:
- Dolor que dura más de dos semanas sin mejoría con reposo o analgésicos habituales.
- Dolor que se irradia hacia los glúteos, muslos o piernas.
- Dolor que aumenta progresivamente sin una causa aparente.
- Pérdida de fuerza o sensibilidad en alguna parte de la pierna o el pie.
- Episodios de lumbalgia que se repiten varias veces al año.
Si el dolor viene acompañado de fiebre, pérdida de peso involuntaria u otros síntomas generales, es importante consultar primero con tu médico antes de iniciar cualquier tratamiento de fisioterapia.
El papel activo del paciente en la recuperación
Uno de los principios más importantes de la fisioterapia actual es que el paciente no es un sujeto pasivo: su implicación en el proceso es determinante. El fisioterapeuta diseña un programa de ejercicios que el paciente realiza en casa y trabaja la higiene postural para que los cambios conseguidos en la clínica se mantengan en el día a día. La combinación de tratamiento presencial y ejercicio autónomo es la fórmula más eficaz para reducir las recaídas a largo plazo.
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